Sentarse con las piernas cruzadas en la silla de oficina: ¿un hábito inofensivo o una señal de alerta?

Sentarse con las piernas cruzadas en la silla de oficina: ¿un hábito inofensivo o una señal de alerta?

Jorden Hebenton

Si estás leyendo esto con una pierna cruzada sobre la otra, puedes dejarla ahí. Tu cuerpo no está poniéndose en tu contra. Te está pidiendo que te muevas.

Es una de las preguntas más buscadas en Google sobre la vida de oficina, normalmente escrita con un pequeño sentimiento de culpa. Sentarse con las piernas cruzadas en una silla de oficina parece casi un acto de rebeldía, como si estuvieras haciendo algo que haría fruncir el ceño a la policía de la postura. Por eso merece la pena responderla con claridad, porque la verdadera pregunta detrás de si sentarse con las piernas cruzadas es malo para ti no tiene tanto que ver con la postura en sí. Tiene que ver con cuánto tiempo permaneces en ella.

La respuesta breve es tranquilizadora, con un pequeño matiz. Cruzar las piernas no es el villano que muchos contenidos sobre bienestar hacen parecer, y las ganas de hacerlo te están indicando algo a lo que merece la pena prestar atención.

¿SENTARSE CON LAS PIERNAS CRUZADAS ES MALO PARA TI?
¿Sentarse con las piernas cruzadas es malo para ti?: cruzar las piernas a la altura de las rodillas mientras estás sentado en un escritorio
Los efectos son reales, pero menores y más temporales de lo que sugieren los titulares.

Entonces, ¿sentarse con las piernas cruzadas es malo para ti? Para la mayoría de los adultos sanos, hacerlo de vez en cuando no supone ningún problema. Los efectos que aparecen en titulares alarmantes son reales, pero son menores y más temporales de lo que parece. Esto es lo que realmente podemos afirmar:

  • La presión arterial sube ligeramente, pero solo de forma momentánea. Cruzar las piernas a la altura de las rodillas puede hacer que la lectura aumente ligeramente, por eso una enfermera te pide que descruces las piernas antes de medirla. La presión vuelve a estabilizarse en cuanto las descruzas y esto no provoca hipertensión de forma permanente.
  • Se te puede dormir el pie. Mantener esta postura durante demasiado tiempo ejerce presión sobre el nervio que pasa por la parte exterior de la rodilla. Cruzar las piernas habitualmente es una de las causas más frecuentes de compresión de este nervio. Casi siempre es reversible, y ese hormigueo no es más que la forma directa que tiene tu cuerpo de decirte que cambies de postura.
  • La pelvis se inclina. Mantener las piernas cruzadas durante horas eleva una cadera por encima de la otra y redondea más la espalda que sentarse con ambos pies apoyados en el suelo, lo que puede favorecer las molestias en la zona lumbar, especialmente si siempre cruzas la misma pierna.
  • No provoca varices. Eso es un mito. La presión es demasiado pequeña como para dañar una vena. Las varices están relacionadas con la debilidad de las válvulas venosas, la genética y pasar muchas horas de pie, no con la forma en que te sientas durante una reunión.

Fíjate en lo que tienen en común todas estas situaciones. Cada uno de los inconvenientes reales aparece cuando mantienes una postura durante demasiado tiempo y de forma unilateral, no por el simple hecho de cruzar las piernas.

POR QUÉ CRUZAS LAS PIERNAS EN PRIMER LUGAR
Posturas al sentarse en el escritorio: cambiar de postura y cruzar las piernas como señal de movimiento
Cruzar, recoger, cambiar de posición: pequeños intentos de conseguir el movimiento que un escritorio te niega.

Aquí está la parte que suelen omitir las advertencias. No cruzas las piernas al azar. Lo haces porque permanecer quieto en una misma postura empieza a resultar incómodo o monótono, y tu sistema nervioso busca un cambio. Cruzar una rodilla, recoger un pie debajo del cuerpo o rodear con el tobillo la base de la silla son pequeños intentos de variar la postura. Es el mismo impulso que te lleva a cambiar de posición en el asiento o levantarte para volver a llenar un vaso de agua. Las ganas de cruzar las piernas no son un defecto que debas corregir. Son una señal de movimiento, y el movimiento es precisamente lo que a un cuerpo sentado frente a un escritorio rara vez le llega en cantidad suficiente.

EL PROBLEMA NUNCA FUERON LAS PIERNAS CRUZADAS

Por eso, el consejo habitual de sentarse erguido con ambos pies bien apoyados en el suelo pasa por alto el verdadero problema. Es una postura perfectamente válida. Pero sigue siendo solo otra postura, y mantenerla durante tres horas puede dejar tu espalda tan descontenta como cualquier otra. Cambiar una postura rígida por otra postura rígida que parece más correcta no soluciona nada. El verdadero objetivo es seguir cambiando, moverte de forma natural entre las distintas posturas que adoptas al trabajar frente al escritorio, en lugar de elegir una única postura correcta y aguantarla hasta el final. Las piernas cruzadas nunca fueron el enemigo. La inmovilidad sí.

UN ASIENTO QUE TE PERMITE CAMBIAR DE POSTURA
Sentarse con las piernas cruzadas en una silla de oficina con un asiento de bordes suaves, la LiberNovo Omni
Bordes suaves en todo el contorno para que recoger una pierna no deje ninguna marca.

Aquí es donde una silla demuestra lo que vale, o no. La mayoría de los asientos penalizan cualquier postura que no sea aquella para la que fueron diseñados: un borde delantero duro que presiona una pierna recogida, una base demasiado estrecha para subir un pie al asiento o un cojín que solo resulta cómodo justo en el centro. Así que cruzas las piernas, empieza a resultar incómodo y no tienes un buen sitio al que cambiar después.

La LiberNovo Omni está diseñada justo para lo contrario. Su asiento tiene bordes suaves en todo el contorno, de modo que recoger una pierna o sentarte con las piernas cruzadas no deja una marca de presión en el muslo, y tienes espacio de sobra para cambiar entre las distintas posturas que los trabajadores de oficina adoptan constantemente sin pensarlo. El cojín de distintas densidades sigue siendo cómodo incluso fuera del centro, no solo en la zona central, y el soporte dinámico hace que el respaldo y el asiento sigan tus movimientos al cambiar de ángulo, para que una nueva postura siga estando bien respaldada en lugar de convertirse en un compromiso. Y si eres de los que suelen recoger las piernas por completo, la LiberNovo Maxis, más ancha, te ofrece todavía más espacio para hacerlo.

¿HÁBITO O SEÑAL DE ALERTA?

Entonces, ¿de qué se trata? Para casi todo el mundo, sentarse con las piernas cruzadas en una silla de oficina es un hábito inofensivo y, más que eso, una señal útil: tu cuerpo te está indicando que cambies una postura que ya se ha quedado estática. Solo empieza a convertirse en una señal de alerta cuando es la única forma en la que te sientas: la misma pierna, todos los días, durante horas, ignorando el hormigueo. La solución no es dejar de cruzar las piernas. Es seguir moviéndote, pasar por las distintas posturas que adoptas durante la jornada de trabajo, cruzar y descruzar las piernas, recogerlas, inclinarte y levantarte, y sentarte en algo que haga que todos esos cambios resulten fáciles. Hazlo y la pregunta prácticamente se responde sola.